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jueves, 25 de agosto de 2016

Salve Regina

María Lionza -María de la Onza, Yara, Guaichía- es una deidad femenina autóctona del folklore venezolano.



De acuerdo con la antropóloga venezolana Daisy Barreto (1990: 12), las referencias más antiguas al culto se encuentran en testimonios orales que datan de principios de siglo en los cuales campesinos de la región de Yaracuy y algunas áreas adyacentes discuten la existencia de una devoción de corte campesino y afrovenezolano a la reina María Lionza en las sierras de la montaña Sorte en Chivacoa. En ese tiempo, el culto se circunscribía a esa pequeña región y estaba basado en la devoción a los antepasados, en su mayor parte caciques indígenas y héroes de la independencia venezolana (Ferrandiz, 1999)

La importancia que la religión de María Lionza tiene en Venezuela es tal, que según el antropólogo estadounidense de la Universidad de Tulane, Wade Glenn, más de la mitad de la población ha participado en algún ritual "marialioncero".

Representada popularmente como una diosa-reina, María Lionza es la figura central del llamado Espiritismo Marialioncero, culto en el que se mezclan ritos y creencias católicas, indígenas y africanas, que ha absorbido elementos de la religión yoruba establecida en Cuba y Brasil y elementos místicos y teológicos de otras culturas.

A pesar de que se cree de origen indígena, comúnmente se la representa como una mujer blanca con una corona de oro en la cabeza y una rosa y un banderín en la mano derecha. El banderín tiene escrito su misión como diosa: “Protectora de las aguas, Diosa de las cosechas”.



No existe documentación histórica sobre la mujer representada, pero sí numerosas teorías contemporáneas sobre el origen del mito basadas en la tradición oral venezolana. Estas historias, aunque diferentes, coinciden en señalar a María Lionza como un ser sobrehumano –una “encantada”- que habita las montañas de Sorte en el estado Yaracuy, desde donde el culto se extendió al resto del país alrededor del año 1900. Por esta razón, la región de Sorte es un sitio de peregrinación constante de los creyentes del culto marialioncero.

"María Lionza es una diosa bucólica que vive apaciblemente en la espesura de los bosques, en las aguas remansadas, en grutas encantadas, entre rebaños de animales salvajes y rodeada de espíritus subordinados y obedientes" (Francisco Tamayo)

En América representa un símil de la diosa Afrodita-Venus y Gea, diosa de la paz, el amor, la armonía, siempre relacionada con la magia del agua, del trueno, de los perfumes, los bosques y montañas con los animales que los habitan. También representa el misterio universal de la femineidad y el amor, así como otras representaciones de la naturaleza en su aspecto femenino.

El escultor Alejandro Colina la inmortalizó para el mundo como una mujer desnuda de musculatura atlética, sobre una danta (tapir macho, adorado por tribus indígenas), con las manos extendidas, en las que sostiene un hueso de pelvis femenina (símbolo de la fertilidad) Con sus pies, la danta aplasta serpientes, símbolos aquí de envidia y egoísmo. Esta escultura se realizó durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, y está emplazada en la Autopista Francisco Fajardo justo al lado de la Universidad Central de Venezuela.

La imagen de María Lionza que esculpiera Colina representa a una divinidad indígena cuyo culto tiene su origen en la Serranía de Sorte en el estado Yaracuy y cuya práctica se ha extendido a otros países latinoamericanos y caribeños como Puerto Rico, República Dominicana y Colombia. Quienes visitan el monumento suelen depositar allí cartas de petición, flores y coronas. “El número de fieles del culto de María Lionza, que reúne elementos mágico-religiosos de diferentes culturas, ha aumentado y quienes lo practican buscan la solución a sus problemas espirituales y materiales” (Angelina Pollak-Eltz, 1985)

La cultura popular venezolana, al igual que la de casi toda América Latina, está formada por la unión de negros, indios y blancos –españoles y portugueses- María Lionza es centro de una trilogía de máxima jerarquía en las cortes espirituales venezolanas. Dicha trilogía está conformada por María Lionza, el Cacique Guaicaipuro -jefe de los indios Caracas y de otras tribus que se opusieron férreamente a los españoles- y el Negro Felipe, soldado liberto durante las guerras de Independencia de Venezuela.

Según la leyenda, Maria Lionza (Yara) fue una doncella nívar, hija encantada de un poderoso cacique de Nirgua. El chamán de la aldea había predicho que cuando naciera una niña de ojos extraños, “de ojos color verde agua”, había que sacrificarla y ofrendarla al Dueño del Agua -el Gran Anaconda- porque si no ocurriría una ruina perpetua y la extinción de los nívar. Pero su padre fue incapaz de hacerlo, y escondió a la niña en una cueva de la montaña, con veintidós guerreros que la vigilaban e impedían su salida. La muchacha tenía prohibido mirarse en los espejos de agua, para no ser consciente de su sobrehumana belleza. Pero un día una fuerza misteriosa adormeció a los guardianes y la bella joven salió de la cueva y caminó hasta el lago donde residía el Señor Anaconda, descubriendo su propio reflejo en el agua. Ella quedó encantada con la visión de su figura, y chapoteó en el agua-espejo feliz de tal hallazgo. Así despertó al Dueño de Agua, al Gran Anaconda, que emergió de las profundidades del lado, prendándose de ella y atrayéndola hacia su dominio. En el lago, Maria Lionza y la poderosa serpiente celebraron una comunión espiritual y mística. Cuando su padre descubrió la unión con el poderoso ofidio, intentó separarlos. Entonces Anaconda creció y se hizo enorme, y estalló su piel dorada provocando una gran inundación que arrasó con la aldea y su gente. Desde ese día, Maria Lionza se transformó en la protectora y dueña de las lagunas, ríos y cascadas, la madre protectora de la naturaleza, los animales silvestres y la reina del amor, como heredera del poder mágico del Poderoso Anaconda. El mito de Yara sobrevivió a la conquista española, aunque sufrió algunas modificaciones, siendo también conocido entre las tribus del Brasil amazónico. En este sentido, Yara fue cubierta por la religión católica con el manto de la virgen cristiana y tomó el nombre de Nuestra Señora María de la Onza del Prado de Talavera de Nivar. 
Con el paso del tiempo, la cristiana advocación sería conocida como María de la Onza, o sea, María Lionza.

“El mito de María Lionza forma parte de nuestra riqueza espiritual y nuestra herencia aborigen, y como tal forma parte de un patrimonio vivo que se renueva y se expresa en el misterio de la mujer y lo femenino”. (Angelina Pollak-Eltz)

Pero, ¿cómo se empezó a estudiar este mito? En 1939 Gilberto Antolínez registró el mito de María Lionza cuando se encontraba haciendo una recopilación etnográfica de nuestros aborígenes. Esta fue la primera investigación que se hizo de que se siguen haciendo en torno al símbolo de la mujer, lo femenino, la madre y la naturaleza, elementos fundamentales de este mito y de nuestra cultura.

En 1951 el artista Alejandro Colina elaboró la escultura de María Lionza en Caracas. Con el pasar del tiempo esta imagen trascendió los gustos estéticos de su época y ocupó un espacio significativo en el imaginario colectivo de los habitantes de la ciudad de Caracas y de todos los creyentes del mito. Muestra de ello es todo el interés que despierta su estado de conservación mientras estuvo en pie en la Autopista Francisco Fajardo; así como cuando se partió, el 6 de junio de 2004, y durante su proceso de restauración que culminó en 2011. Actualmente, la pieza está en custodia de la Universidad Central de Venezuela (UCV), en las instalaciones de la Casona Ibarra, colocando en su lugar una réplica de la obra original. El traslado de sus partes se efectuó satisfactoriamente desde la autopista hasta la UCV, a través de un trabajo multidisciplinario de la Comisión para la Preservación y Desarrollo (COPRED) La UCV actualmente está solicitando a la alcaldía Libertador remover la réplica para colocar la escultura original en su correspondiente lugar. El IPC en su papel de órgano rector en la conservación del patrimonio del país realiza visitas de carácter informativo, con el fin de conocer los lineamientos y metodologías que se espera ejecutar en el proceso de intervención. En torno a María Lionza gira no solo lo intangible del mito; ahora se le añaden los valores artísticos, las formas y los volúmenes de la obra de arte.

“La vinculación entre el mito de María Lionza y la naturaleza se hace evidente en el estado Yaracuy, próximo a la población de Chivacoa, donde se encuentra el macizo de Nirgua, declarado Monumento Nacional María Lionza en 1960. En este monumento se origina el Río Yaracuy,  que surte de agua a todo el estado y desemboca en el Mar Caribe. Se caracteriza por su selva nublada, y entre su fauna se destaca la danta o tapir, un elemento simbólico que forma parte del mito. En este patrimonio natural se conjugan los valores de nuestra diversidad biológica con las creencias y rituales destinados a la diosa. Todo este conjunto califica este espacio como un paisaje cultural donde convive el ambiente y la cultura en torno al mito. Para el Instituto del Patrimonio Cultural, el mito de María Lionza simboliza la manera en que se gesta el mestizaje biológico y cultural de Venezuela. En él se expresan las raíces indígenas, europeas y africanas que conforman el mapa de Venezuela. Por tal motivo, desde el año 2000 varias instituciones académicas vienen trabajando en la elaboración del expediente para su declaratoria como patrimonio inmaterial de la Nación, entre las que destaca la Escuela de Antropología de la UCV, la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy (UNEY) y el IPC”. (Prof. Zaida García, septiembre de 2004)

Hay más de una veintena de relatos o leyendas sobre la diosa. Los etnólogos han descubierto que el mito es constantemente escrito en los círculos espiritistas del culto a María Lionza. Sin embargo es difícil encontrar alguna versión escrita del mito. En este trabajo las versiones del mito que se mencionan se tomaron de la lectura que hace Girardi del mito de María Lionza, (s/fc.), que reseña como los más importantes y más aceptados por los devotos:

Relato 1.- El cacique indio tenía una linda hija de ojos verdes. Como los ojos verdes eran un mal signo, el padre decidió llevarla al lago y dársela a la anaconda que vivía en el fondo del lago. Después, la anaconda la arrojó hacia fuera del lago. Se volvió una diosa maravillosa rodeada por muchos animales, agua y plantas.

Relato 2.- Antolínez (1945), etnógrafo, registró el siguiente: Hace mucho tiempo atrás la gente de Yaracuy (Jirajara), recibió un aviso o premonición de que una niña de ojos verdes iba a nacer. Eso se consideraba una alerta, porque sus ojos podrían ser una señal de malos tiempos por venir y, si veía su reflejo en el lago cercano, una monstruosa culebra podría salir de ella y traer muerte y destrucción. Bajo esta profecía y justo antes de la conquista española, una niña de ojos verdes nació. Estaba destinada a ser sacrificada a la gran Anaconda por el aviso recibido. El padre la salvó y la envió a un lugar secreto donde creció. Veintidós guardias la cuidaron en esa nueva casa y se encargaban enérgicamente de prevenir que la niña se acercara al lago. Un día los guardias se durmieron y la joven escapó de ellos. Fue al campo y encontró en su camino un bello lago y con fascinación, vio su propio reflejo en el agua. Desde ese momento en adelante, tomó la forma de una anaconda y creció tanto que su cuerpo explotó y desbordó las aguas trayendo inundaciones al pueblo. Su cabeza estaba en la laguna de Tacarigua, y su cola en la montaña de Sorte.

Relato 3.- El cacique indio de Yaracuy tenía una niña de ojos verdes deslumbrantes. Era una buena señal para la familia y la comunidad, que tanto necesitaban en los tiempos duros de la conquista española. A medida que crecía, se convirtió en un amuleto de salvación para la comunidad. El nombre de la niña era Yara. Tupi, su madre, la llevó a la montaña donde permanecía a salvo bajo el cuidado de un regimiento de guardias. Sin embargo, la situación con los conquistadores españoles empeoró. El encanto de Yara le permitió convertirse en una diplomática para establecer conversaciones con los españoles, y la comunidad puso todas sus expectativas en ella como instrumento de paz. Se reunió con Ponce de León usando el nombre de María del Prado. La conversación fracasó y ella se retiró a la montaña donde desapareció y se mantuvo allá como una diosa.

Algunos estudiosos encuentran a Yara parecida a Iara, deidad que pertenece a los mitos de los tupi-guaraníes en Brasil. Antolínez define a Iara como una mujer dulce pero con sonrisa melancólica que atrae y captura a los hombres, satisface sus deseos con ellos y luego los abandona. La lujuria es lo que la impulsa, pues es una come hombres. Los atributos de Iara también han sido proyectados en María Lionza.

Relato 4.- Para 1920 el mito relataba a la diosa como una mujer blanca (Garmendia, 1980) María era hija de una pareja de españoles. Cuando tenía 15 años desapareció, mientras nadaba en un lago. No murió, sino que fue rescatada por una onza (jaguar o leopardo americano) La onza y María eran una y la misma, por ello se llama María de la Onza que el dialecto popular condensó en el nombre María Lionza. Hay una versión similar a ésta, donde María Lionza se llama María Concepción de Sorte, hija de unos españoles, que creció entre los animales del bosque hasta que un día le atrajo una luz extraña y desapareció en el lago. Se fue al cielo y se unió a algunos indios, que la hicieron su reina. Cabalga sobre una onza.

Relato 5.- Algunos historiadores han tratado de averiguar si la historia de María Lionza es real. Para Garmendia, María Lionza era una dama española que vivía en Barquisimeto durante la mitad del siglo XVII y su verdadero nombre era María Alonso. Era propietaria de vastas extensiones de tierra y era famosa por su bondad y la forma tan dulce con que trataba a los trabajadores. Tenía afinidad por las onzas y era propietaria de 1.000 de estos animales...

Relato 6.- Para Bruno Manara, historiador, (1995) María Lionza era una española que posiblemente se llamaba María del Marqués. Nació en España y vino a Venezuela después que su barco naufragó como resultado de un huracán que asoló al Mar Caribe en 1800. Fue arrojada a las playas venezolanas y fue rescatada por un grupo de indígenas que se la llevaron a Chivacoa, un jefe indio joven. Ella le enseñó algunas habilidades básicas a la tribu y luego se convirtió en reina de la tribu y de las montañas. Los estudios hechos por el licenciado Bruno Manara (1995: 217-219, 225, 232, 236) buscan despejar la incógnita del origen del mito María Lionza. Por lo extenso del trabajo se resume la versión aportada por la comunicación a través de dos mediums en los que la diosa se hace presente y relata su origen: llega a Venezuela en un buque que naufraga y llega al actual Puerto Cabello (Estado Carabobo), natural de Tenerife (Islas Canarias) y de aproximadamente 25 años, su nombre original es María Leoncia del Marqués. Son los indios araucos quienes la rescatan en la playa y la llaman “Lionza”, que quiere decir “mujer llegada por aguas” y llevada a la montaña-residencia de los indígenas, lugar en el que hoy se le venera (Sorte, Yaracuy) De acuerdo a esta versión, muere a los 66 años.

En 2015 se publicó en Francia como parte de una novela corta una reescritura del mito de María Lionza. El escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez incluyó en su libro Las siete fuentes (traducido y publicado como Les septs fontaines) una versión del mito en el que María Lionza debe enfrentar a su padre don Juan de los Cerros, dios feroz que controla la montaña y se convierte en serpiente para someter a los hombres y mujeres que viven cercanos a la laguna. María Lionza y sus doce hermanos -don Juan de los Caminos, don Juan de las aguas, etc.- logran triunfar sobre este dios, hasta que finalmente ella se retira a Sorte después de salvar a las personas del poblado donde creció.

Maria Lionza, acompañada del Negro Felipe y del Cacique Guaicaipuro conforma las “Tres Potencias”. Ellos son la base fundamental de un cielo de deidades y espíritus divididos jerárquicamente en “Cortes”.









Las principales cortes de Maria Lionza son:

a.- La Corte Celestial: Los santos católicos.

b.- La Corte Indígena Venezolana, compuesta por: caciques, cacicas, indios e indias, presidida por el Cacique Guaicaipuro, la India Cari o  Cara (hermana del Cacique Guaicaipuro) y forman parte de ella el Cacique Yoraco, el Cacique Naiguatá, Reina Urimare, Cacique Urimare (Hombre), Cacique Mara, India Mara (hermana del cacique Mara), Tamanaco, India Tibisay, India Rosa, Cacique Sorocaima, Cacique Churuguara, Cacique Terepaima, Indio Yaguarin, Indio Arichuna, Indio Cayaurima, Cacique Tiuna, Cacique Paramaconi, Cacique Caracas, Cacique Barquisimeto,  Cacique Baruta, Cacique Guaicamacuto, Cacique Jirajara, indio Caroni, Cacique Naiguata, indio Canaima, Cacique Chacao, Cacique Catia, Gran Cacique León de las Caramas, Cacique Coromoto, Cacique Guaicamacuare, Cacique Prepocunate, Cacique Guayoma, entre otros.

c.- La Corte Negra: compuesta por negros esclavos, brujos y brujas de color como el Negro Felipe, la Negra Matea Bolívar (aya del Libertador Simón Bolívar), la Negra Francisca, la Negra Tomasa, el Negro Pío, el Negro Eloy, Macario Pantoja, el Negro Lorenzo, la Negra Petra, Felipa del Valle.

d.- La Corte Libertadora: compuesta por quienes lucharon contra la corona española presidida por Simón Bolívar, Francisco de Miranda, el Mariscal Antonio José de Sucre, José Antonio Páez, Simón Rodríguez, El Doctor Raúl Salazar, el Negro Primero "Pedro Camejo" entre otros.

e.- La Corte Calé o Malandra: liderada por el malandro Ismael también compuesta por La chama Isabel, Jhonny, Antonio, Freddy, Ramón, Machera, El Ratón, Tomasito, Miguelito, Luisito, Pedro, Luis Sánchez, Manuel Sánchez Sánchez, El Chamo Gabriel, Pez Gordo, William y el perro Frank, entre otros.

f.- La Corte de los Juanes, llamada por algunos corte de los Don Juanes: compuesta por varias figuras que pertenecen al folclore venezolano, como Don Juan del Tabaco, Don Juan de los Caminos, Don Juan de los Suspiros, Don Juan de los Cuatro Vientos, Don Juan de los Pensamientos, Don Juan del Chaparro, Don Juan De la Calle, Don Juan del Amor, Don Juan de la Aguas, Don Juan del Dinero, Don Juan del Progreso, Don Juan de los Tesoros, Don Juan de La Fuerza, Don Juan del Yaracuy, Don Juan del Descruce, Don Juan de la Luz, Don Juan del Trabajo, Don Juan de los Negocios, Don Juan del Tumba-Tumba, Don Juan del Borracho, Don Juan de la Lotería, Don Juan de las Cruces, Don Juan de las Sombreros, entre otros.

g.- La Corte Médica, compuesta por doctores(a)s y enfermeros. Liderada por el Dr. José Gregorio Hernández (El Venerable), Dr. José María Vargas, Dr. Luis Razzetti, Dra. Tamara Kayruzan, Dra. Diana Kayruzan (hermana de la Dra. Tamara) Plazo Izquierdo, Alberto Díaz, Doctora Magali, Dr. Francisco Maldonado, el Dr. Pediatra Vladimir Mendoza, entre otros.

h.- La Corte Chamarrera, liderizada por Nicanor Ochoa “Pinto Morillo” el brujo que cura y mata las veinticuatro horas, Juana de la cruz Camargo, Don Juan Pablo Romero Castillo, entre otros.

i.- La corte de las Ánimas, compuesta por las ánimas milagrosas de la creencia popular venezolana.
Existen sin embargo más cortes espirituales en torno a María Lionza, como la Corte Egipcia, la Corte de las Reinas, la Corte de los Encantos, y la Corte Bruja, entre otras.

“El Cerro María Lionza fue declarado monumento natural mediante el Decreto No. 234 del 18 de marzo de 1960. Se trata de un macizo montañoso donde nace el río Yaracuy, con extensos bosques vírgenes. Un verdadero asiento de leyendas, cultos folclóricos y mágico-religiosos.
El Gobierno de Rómulo Betancourt (1958-1963) declaró el 18 de marzo de 1960 al Cerro María Lionza como Monumento Natural, cuando a la vez persiguió y detuvo a los que practican el culto. En fechas anteriores y posteriores a tal declaratoria en la Gaceta Oficial, ubicamos en la prensa de circulación nacional artículos referidos a la detención de diversos “brujos” en las zonas de Acarigua-Araure, en el Estado Portuguesa, en San Cristóbal en el Estado Táchira, y a otros oriundos del Estado Yaracuy. A éstos detenidos se les imputa el delito de “ejercer ilegalmente la medicina, recibir dinero de gente humilde y practicar la brujería”, aparte de estigmatizarlos como actores ridículos que atentan “contra las costumbres y el criterio sano” de los que allí habitan. Pollak-Eltz (1987: 67) nos informa que durante el primer mandato del Dr. Rafael Caldera (1969-1974), también se persiguió a los cultistas y se destruyeron algunos santuarios en la montaña.

En este sentido, Bracho (1994: 85) informa sobre el cierre de la Montaña que se hizo en 1965 de acuerdo a un decreto del Gobierno Nacional en el mes de abril, debido a informes que mostraban que los que asistían a dicho sector no lo hacían con intenciones religiosas “sino a festejar hasta destruir el medio ambiente y beber alcohol” -actividades prohibidas en un Parque Nacional-. Lo cual traía como consecuencia disputas violentas a veces con saldos lamentables. Indica Bracho además, que luego de siete meses fue restablecido el ingreso y desde entonces la Montaña no se volvió a cerrar al público.

Luego de treinta y tres años de la declaración del “Cerro María Lionza” como Monumento Natural, es en 1993 cuando se publica en Gaceta Oficial (Nº 4525) el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso del mismo, instrumento que para Ferrándiz (1999: 12) constituye una forma de reglamentar el uso de la montaña, ya que establece normas que los creyentes no respetan u omiten por no mostrarse dispuestos a ajustar sus prácticas a dicha ordenanza. (Marchán, 2007. Pág 37-38, 41)





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