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viernes, 12 de agosto de 2016

No hay que matar al mensajero

Estuve escuchando el audio de la clase magistral que diera el artista (?) argentino Gustavo Cordera -ex integrante de la banda Bersuit Vergarabat- a alumnos de una escuela de periodismo en la vecina orilla.

Rasgaduras de ropa mediante, los contenidos de dicha ¿conferencia? se filtraron, intentando dejar mal parado al muchacho que -alguien que pretende ser periodista algún día- dio a conocer.

Ahora bien, por más que se esgriman los estatutos de dicho centro privado que dicen que los detalles y temas tratados en esos encuentros con "personalidades" son -deben ser- reservados, creo que justamente el joven héroe hizo un trabajo periodístico publicando una nota en su Facebook donde -justamente- puso sobre la mesa un tema que conmueve a la sociedad: la violencia.

El artista, furioso con el muchacho inconfidente pero antes de reconocer que se había comportado como un reverendo pelotudo, justificó sus aseveraciones escudándose en un acto de psicodrama. Por supuesto, a mi edad no me ruboriza el lenguaje coloquial que usó el cantautor devenido en psicoterapeuta, pero estimo que el ámbito en que debiera ser usado no es una conferencia de estudiantes. Y aún, más que el lenguaje, que es ciertamente un arma que vela y revela el pensamiento, lo imponente furon los conceptos vertidos allí, que podrían enmarcarse en la más legítima "apología del delito".

Sugerir que la violación -y se estaba hablando de menores de dieciocho años- sería terapéutica, para ayudar a aquellas personas cuyos principios, miedos o represiones a ejercer su sexualidad debiera ser aceptada como normal me resulta fuertemente peligroso. 



La violación no tiene o no debiera tener atenuantes de ninguna especie. No hay consentimiento, punto. Por más ayuda que se quiera brindar a una mujer que "quisiera" mantener relaciones pero "no se anima, y entonces... hay que usar la fuerza" los dichos de este señor son falaces. Aquí no se trata de fantasías...

Para mí no es un provocador, como él se define. Es un instrumento que continúa contribuyendo a la violencia social instalada desde que un grupo comenzó a desprestigiar a "los otros", a aquellos que no piensan o actúan como "nosotros". Gustavo Cordera no es un terapeuta. Si lo fuera sabría que las relaciones terapéuticas no se conducen de ese modo. Es un hombre violento, nada más, convencido de que su condición de "artista" y "librepensador" le confiere derechos que cesan donde los de los demás comienzan, y que lo que haga o diga tiene patente de impunidad.

Curiosamente, la directora responsable del instituto donde se despachó su misoginia es la señora Beck, activista de los derechos femeninos embanderados tras la consigna "Ni una menos". Organización que denuncia -y supuestamente condena- los delitos de violencia de género...

Como muchas cosas que suceden, solo es explicable dentro del marco de deterioro de una sociedad que cree que todo es posible para algunos, mientras que para otros lo único que resta es aguantar y aplaudir. Una sociedad que considera gracioso que un animador le corte la ropa a la señorita que baila y se enoje si ella defiende su derecho a permanecer con la mínima expresión de su decoro. Que arma programas con enanos, ciegos y amputados para que bailen "por un sueño" que, hasta ahora, rinde más beneficios a los que producen los programas que a la instituciones que se supone debiera ayudar. Una sociedad que destroza desde programas mal llamados "bizarros" a ancianos travestís a quienes da letra para que expongan aún más su miseria.

Cordera es nada más que una muestra, como lo es Tinelli, o la propia Moria Casán que también dice ser "provocadora". 

Ojalá en algún momento la sociedad comience a verse a sí misma y haga una verdadera autocrítica de lo que ha perdido mientras en cada esquina algún alérgico al trabajo digno hacía sonar un bombo.

2 comentarios:

  1. Concuerdo plenamente con su opinión. La sociedad toda deberíamos mirarnos al espejo. Hoy me pregunto, la sociedad avanza o retrocede...?

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  2. esas declaraciones fueron terribles bastardean al humano en todo su ser, indignan y dejan un sabor a impunidad ,a que todo es posible, verguenza ajena

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