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viernes, 12 de agosto de 2016

Diamantes y marfil sangrientos

La semana pasada se cumplió el aniversario número 35 del golpe de Estado organizado por los franceses que derrocó al emperador autoproclamado de la República Centroafricana, Jean-Bédel Bokassa.



Hoy, el antiguo “imperio” de Bokassa sigue siendo un semillero de crueldad indescriptible y de guerra, sumido en un conflicto sectario que está al borde del genocidio, pero no ha caído (aún) en el abismo. Después de que un grupo rebelde musulmán conocido como Séléka derrocó al presidente François Bozizé en marzo de 2013, el país ha estado atascado en un ciclo vicioso de violencia. Mil civiles fueron asesinados en un periodo de dos días en diciembre en el 2013, y miles más han muerto desde entonces. Los ataques de la milicia musulmana se contestan con represalias por parte de las milicias cristianas. El conflicto es implacable y brutal.

Los crímenes de guerra han pasado desapercibidos por la prensa internacional. Incontables niños han sido heridos hasta la muerte con machetes en las calles. Las mujeres han sido violadas por pandillas enteras. Otros sufren ambas situaciones: ser secuestrados y luego violados, si el dinero del rescate no se paga.

Estos horrores son cubiertos por las sombras crecientes de otros conflictos como el de Ucrania, Irak, Siria y Libia. Pero aun fuera del centro de atención, estas tragedias prevenibles se están desdoblando inexorablemente en este país oscuro que tiene el tamaño de Texas, una población un poco más grande que la de Los Ángeles y una economía nacional de 1/100 del tamaño de la de Detroit, en un constante estado de descomposición. 


Los ecos de la historia resuenan hoy en día en la República Centroafricana, mientras el conflicto actual es fuertemente reminiscente del “imperio” anterior de Bokassa.

Jean-Bédel Bokassa tomó el poder con un golpe de estado militar en 1966 y se autoproclamó a sí mismo como el emperador de la República Centroafricana diez años después. La ceremonia casi dejó en la quiebra al país empobrecido (la sola corona bordada con diamantes costó casi $5 millones de dólares) Bokassa incluso utilizó fondos del Estados para enviar a sus caballos a Francia para un entrenamiento especial. Y cuando se coronó a sí mismo, tenía puesta una capa de terciopelo y armiño de seis metros de largo.

También era un monstruo. Su reino era repulsivamente salvaje inclusive en un continente conocido por sus dictadores brutales. Bokassa ordenó que a los ladrones se les pegara con martillos y con cadenas mientras él miraba. También se deleitaba dándoles de comer a sus cocodrilos y los leones "mascotas" en su Villa Kolongo a los criminales acusados. Pero lo peor de todo era que Bokassa presuntamente era caníbal, manteniendo carne humana en su refrigerador, que servía a sus comensales desprevenidos. Durante la ceremonia de coronación, el recién coronado emperador se dirigió a un ministro francés que estaba atendiendo y le susurró “nunca te diste cuenta, pero comiste carne humana”.

A pesar de estos horrores, el Gobierno francés llamaba a Bokassa “un amigo y miembro de la familia”. Bokassa explotó aquella amistad con armamento y ayuda extranjera, el néctar de la corrupción para su cleptrocracia. A cambio, el presidente francés -en ese momento Valéry Giscard d’Estaing- socializó en África Central matando elefantes en viajes de cacería con el emperador, mientras ansiosamente le compraba uranio para alimentar la industria nuclear francesa.

Esta amistad, combinada con la fascinación del emperador de exportar diamantes y su gusto particular por la caza de elefantes para tomar de éstos su marfil, mantuvo a Bokassa en el poder trece años.

Cuando llegó a Francia la noticia de que Bokassa personalmente había golpeado a más de cien niños hasta la muerte con bastones y piedras porque se habían resistido a ponerse los uniformes colegiales que había diseñado su Gobierno, fue demasiado hasta para sus aliados franceses. El 20 de setiembre de 1979 las fuerzas especiales francesas derrocaron a Bokassa en un golpe de Estado cuidadosamente ejecutado que terminó con el brutal mandato del emperador.

Desafortunadamente para la República Centroafricana, el proverbio que señala que "la historia se repite", se vuelve a comprobar una vez más a través del país manchado de sangre. 

Al igual que los diamantes y el marfil mantuvieron a Bokassa en el poder, los mismos recursos se están utilizando para alimentar las milicias de hoy. Al igual que los niños eran brutalmente asesinados por Bokassa y sus secuaces, las milicias están siguiendo los mismos pasos sangrientos. En enero, la periodista Giovanna Cipriana estaba en el Complejo Pediátrico, un hospital de niños en la capital, Bangui, cuando diez niños gravemente mutilados llegaron cubiertos en sangre. Todos habían sido obligados a ver cómo las milicias habían acribillado a machete a sus padres hasta la muerte. Los soldados luego cortaron a los niños con el filo de sus machetes para emparejar las cicatrices emocionales e inevitables, de las cuales nunca se podrán librar. 

Hasta el canibalismo está volviendo a mostrar su cara en Bangui. Un video recientemente publicado de un hombre que se hace llamar “Perro Rabioso” le rinde tributo al legado de Bokassa. Luego de matar con un machete a un musulmán, cocinó su carne en la calle y mientras comía sus extremidades, alardeó a un reportero de la BBC: “Me comí su pierna chupándome hasta el hueso”.

¿Cuántos monstruos futuros al estilo de Bokassa están siendo olvidados hoy en día en medio de los crímenes y el sufrimiento horroroso y expandido en esta guerra africana olvidada?

Este es un punto crítico para el conflicto, ya que un cese al fuego fue firmado a finales de julio, y recientemente se quebró: la lucha continúa. Francia actualmente tiene 2.000 efectivos pacificadores en el país, tratando de lograr que su antigua colonia y aliada no se destruya a sí misma. El mes pasado las Naciones Unidas anunció y expandió el despliegue de fuerzas pacificadoras, con lo que aumentó la coalición multinacional a 12.000 botas en el suelo. Sin embargo el liderazgo político actual es inestable, como para no decir algo peor; ambos lados desconfían del presidente interino. Hay un riesgo fuerte de que una explosión de violencia vuelva a suceder.

Mientras que la República Centroafricana se encuentra en un punto de quiebre crítico, las lecciones aprendidas del terror innombrable que sembró el emperador de Bangui hace 35 años, provee un ejemplo importante para un sentimiento de esperanza y acciones internacionales coordinadas hoy en día. Hace tres décadas y media el Gobierno francés se sentó y permitió que Bokassa se alimentara de sus rivale políticos con salvajismo. Pero luego creyeron redimirse forzando a su régimen bestial a dejar el poder. Lo mismo podría ocurrir hoy  si la comunidad internacional hiciera lo correcto y lograra enjaular la lucha brutal de la República Centroafricana.

Nos hemos hecho los ciegos y sordos demasiado tiempo. Aunque el despliegue de nuevas fuerzas pacificadores es un muy buen primer paso para detener el derramamiento de sangre, no va a crear una paz estable y duradera.

Primero, el apoyo financiero a los rebeldes –viniendo de diamantes exportados y caza ilegal de elefantes– es lo  que debe parar de manera inmediata. Una estrategia de certificación por Kimberley Process para revisar la fuente de los diamantes en los centros de comercio (particularmente Dubái) ayudaría a detener la venta de los diamantes de sangre de la República Centroafricana. Una presencia limitada hecha por drones ayudaría inmensamente a lograr que la caza ilegal de elefantes se controle un poco.

En el largo plazo, es indispensable un apoyo financiero sostenido para proveer ayuda humanitaria crítica al millón de personas -estimado- que son desplazados internos que se han escapado de los peligros de la guerra. Un acuerdo duradero de una repartición del poder se debe firmar –con participación directa del Séléka Musulmán y las milicias cristianas anti-Balaka– para que un Gobierno transicional pueda organizar elecciones transparentes y creíbles. El régimen electo tendrá que poner en marcha una nueva constitución que garantice la protección y asegure la representación política de ambas comunidades. Cualquier Gobierno que deliberadamente continúe echando leña al fuego del conflicto de la República Centroafricana –Chad es actualmente el más culpable– debe ser castigado por la comunidad internacional con sanciones económicas fuertes y un aislamiento político.

Aquí no hay ninguna amenaza de terrorismo, no hay periodistas occidentales secuestrados, no hay una lucha por el poder entre Obama y Putin. Solo hay sufrimiento, gente inocente que está viviendo en condiciones deplorables. Aunque la reconciliación política siempre es complicada, el derrame de sangre se puede detener aquí mucho más fácilmente y con costos mucho menores que las crisis que se ven en Ucrania, Siria, Libia o Irak.

Sin estos pasos, las fuerzas pacificadoras no van a servir como nada más que una curita en una herida de machete, haciendo más lento el sangrado pero sin salvar al paciente. Si el mundo continúa ignorando este conflicto –esta herida abierta y agonizante en la conciencia del mundo– entonces la República Centroafricana continuará abrazando el legado del imperio de Bokassa: un abismo sin fin de violencia y sufrimiento inimaginables.

Brian Klaas, académico de Claredon e investigador en la Universidad de Oxford, que se enfoca en política y violencia internacional y la construcción de la paz democrática. 

1 comentario:

  1. 13/08/2016

    buenas noches Baron Gracias por el texto Horrible e injusto tantos inocentes y el mundo sigue andando

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