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viernes, 2 de septiembre de 2016

Tras los pasos de Arturo Pendragon




Bretaña es la península del oeste de Francia en donde más sobrevivieron las tradiciones y los dialectos celtas. En lo más profundo de sus bosques se forjaron también los mitos de los lugares vinculados a las andanzas del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. 





Este ciclo legendario era común al oeste de Francia y a las Islas Británicas, que compartieron la herencia de las culturas prerromanas durante mucho más tiempo que el resto de Europa. En torno al pueblo de Paimpont, en el centro de Bretaña, se puede conocer varios lugares vinculados con los personajes principales de aquellas historias popularizadas durante la Edad Media por Chrétien de Troyes. El circuito pasa por la Fuente de la Eterna Juventud, la Tumba de Merlín y el Valle Sin Retorno. Muy cerca, en Barenton, se puede visitar la fuente donde el mago conoció al hada Viviana, mientras en Comper está el castillo donde Arturo reunía a su corte en torno de una mesa redonda. Al pie de sus murallas, debajo de las oscuras aguas de un estanque, las tradiciones ubican el palacio de cristal donde Viviana, la Dama del Lago –sacerdotisa celta de la Triple Diosa- crió a Lancelot.

Del otro lado de la Mancha está Cornualles, una larga península que se adentra en el Atlántico. Es la región que concentra los principales lugares vinculados con Arturo en Gran Bretaña. Y el más emblemático de todos es Tintagel, un pueblito donde se conservan las ruinas de una construcción fortificada sobre los acantilados, que se supone fuese el hogar de la dama Ygraine, esposa del duque Gorlois y madre de Arturo. Los turistas acuden para ver en ella el castillo, aunque los historiadores creen que en realidad podría haber sido un monasterio o un puesto comercial. Estas ruinas se remontan al siglo V, cuando las Islas Británicas fueron invadidas por los bárbaros germánicos que confinaron a los celtas a los lugares más remotos del Oeste: Cornualles y el País de Gales principalmente. Parte de ellos cruzaron la Mancha para huir de los invasores e instalarse en la Gran Bretaña, donde vivían pueblos con los que compartían las tradiciones y el idioma. Es la razón más plausible por la cual las aventuras de los Caballeros de la Mesa Redonda son comunes a ambos países.

Desde Tintagel, y cruzando el Canal de Bristol, se llega al sur del País de Gales, uno de los últimos refugios célticos de la Europa actual. Allí se encuentra la pequeña ciudad de Carmarthen. Hay que tener sólidos estudios lingüísticos para deducir que este nombre deriva del gaélico Caer Myrddin -Ciudad de Merlín- 

Se presenta como el asentamiento más antiguo todavía habitado en Gales, y fue un puesto romano al principio de nuestra era que se desarrolló lo suficiente como para tener un anfiteatro, templos, termas y hasta un foro cuyas ruinas aún existen. El “mago” Merlín, por su parte, habría nacido en una gruta cercana. El Libro Negro de Carmarthen escrito hacia 1250 es el documento más antiguo que se conoce en idioma galés. Menciona al mago en varias ocasiones, sin que los historiadores hayan podido dilucidar si los poemas hacen referencia a antiguos cuentos locales o fueron inspirados por la Vita Merlini de Godofredo de Monmouth, una historia muy popular en aquellos tiempos.

Debe aclararse que el mago era en realidad un “bard” o sacerdote druida cuyo título Myrddin –el Gran Mirlo- señalaba su posición destacada en la religión natural de las comunidades celtas, algo así como un “papa” o un “sumo sacerdote”.

Godofredo –Geoffrey- de Monmouth era un historiador y religioso del monasterio de Glastonbury, en el actual Somerset. Este es un sitio muy famoso en Gran Bretaña por su tor (colina, en gaélico) que domina el paisaje y se ve coronado por una torre, lo único que queda de una iglesia medieval. Glastonbury fue una de las primeras sedes del cristianismo en Inglaterra y conserva todavía las ruinas de un monasterio fundado en el siglo VIII, llamado Ynnis Withrim, la casa de cristal. A fines del siglo XII se encontró una lápida que fue identificada como la de Arturo y Ginebra (lo indicaba así una inscripción en latín) 

El lugar fue entonces asociado con la mítica isla de Ávalon, porque estuvo rodeado por pantanos y lagunas hasta los primeros siglos de nuestra era. El tor es un lugar muy especial y fue convertido en destino principal de peregrinaciones artúricas. En 1539, el rey Enrique VIII Tudor clausuró la abadía, y en un arranque de temperamento hizo colgar al último abad. Sin embargo la colina siguió ejerciendo su poder de atracción de otra forma: como centro de una gran feria anual. Finalmente, desde 1970 a la fecha se lo conoce sobre todo gracias a un festival de rock convertido en uno de los más populares del Reino Unido.

Tanto Cornualles como Bretaña son tierras donde el mar nunca está muy lejos, y ambas comparten leyendas de ciudades sumergidas bajo sus olas. “Lyonesse” es la inglesa e “Ys” su equivalente francesa. Se la ubicaba en la punta más occidental de las tierras, en una comarca que se llama también Cornualles. Ambas leyendas están relacionadas de cerca o lejos con el mito arturiano. En la Bahía de Douarnenez se puede visitar la isla Tristan (que era uno de los míticos Caballeros de la Mesa Redonda, cuyo amor por Ysolde terminó trágicamente), la única parte emergente de Ys. 

El nombre de Ávalon también es común a ambos países. Es considerado el lugar mágico –la isla de los manzanos- donde Arturo fue llevado por su medio-hermana el hada Morgana luego de su última batalla, herido gravemente por Mordred, hijo de ambos. Los ingleses lo ubican una vez más en Cornualles, aunque durante la Edad Media los monjes de Glastonbury declaraban que Ávalon era el enclave gemelo y mágico de su tor, una  especie de “portal” que permitiría viajar en el tiempo/espacio. 

En Francia se indica como Ávalon a la isla de Aval, frente al pequeño puerto de Pleumeur-Boudou. Este lugar es accesible con marea baja, para poder visitar un megalito que es presentado como “la tumba de Arturo”.


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